Los miedos infantiles

Muchos padres acuden a consulta con la misma duda;

Mi hijo siempre ha tenido muchos miedos, ¿es eso normal?

 

Que los niños tengan bastantes miedos hasta llegada a una cierta edad es normal y es esperable. Lo anormal sería no tenerlos.

¿Por qué?

Los miedos son adaptativos, nos ayudan a prestar atención y a preocuparnos por nuestra propia supervivencia. Los miedos son como “señales de alarma” que se presentan en el común de los seres humanos a una determinada edad.

Hay muchos factores influyen en la intensidad de los miedos, tales como; el entorno, las vivencias, la sensibilidad, lo que hacen sus padres, las ideas que tiene sobre el mundo que le rodea y un largo etcétera.

Por su naturaleza humana, los niños atraviesan tres etapas características de miedo que se dan: a los 8 meses, a los 4 años y a los 7 años.

 

Hasta los 8 meses los niños son una extensión de su madre y viven tranquilos y apacibles. Pero es a esa edad cuando empiezan a darse cuenta que son una persona diferenciada, que los dientes les duelen y que pueden sufrir. Ahí les invade el temor; miedo a separarse de sus padres, miedo a la oscuridad, a los animales, a los ruidos, a la gente extraña, a quedarse solo y un largo etcétera.

A los 4 años el miedo resurge dado que suceden muchos cambios en la vida del menor. Intentan integrarse a preescolar y empiezan a aparecer las figuras de los monstruos, la muerte y los malos.

 

La misma sensación se vuelve a experimentar a los 7 años. El salto madurativo de esta etapa se relaciona con la evolución intelectual. Sienten temor a la muerte, a la separación de sus padres, a la fuerza de la naturaleza, a los hurtos, a la inseguridad… cosas que hasta entonces no se habían planteado.

 

¿Cómo se solucionan los miedos?

A menudo, los problemas que se nos hacen más difíciles se resuelven de la manera más sencilla.

Debemos proporcionar seguridad a los niños, para ello es importante intentar buscar la causa del origen del miedo y si la encontramos, hablar con el niño sobre ello. Se debe tener en cuenta que si el menor tiene menos de tres años nos va a ser complicado, pero pasada esa edad ya son capaces de hablar y escuchar con normalidad.

Sabiendo el origen del miedo o no, siempre podemos trabajar para ayudar al niño a ir asumiendo metas que de momento es incapaz de hacer. Con pequeños retos asimilables por el niño su autoestima aumentará y el miedo se irá disipando.

Así pues, los miedos infantiles se resuelven hablando con los niños, con paciencia, con comprensión y atención. Es importante no enfadarse ni dejar al niño solo.

Nuestra labor como padres es apoyar y acompañar a los niños para que no sufran más inseguridad de la que evolutivamente pueden tener.

Es importante que desde pequeños los niños aprendan a superar sus temores por ellos mismos.

 

¿Qué podemos hacer como padres?

Nosotros tenemos que ayudarles a encontrar soluciones.

Por ejemplo si mi hijo tiene miedo a la oscuridad, le proporcionaré una linterna para que pueda valerse por sí mismo, si se angustia, le enseñaré a respirar relajadamente para poder superar los momentos ansiosos, si pregunta, le puedo leer libros acordes a su edad sobre el tema el cual pregunta, para que puedan obtener información y sobretodo, hablaré con el sobre la película que le aterra ya que con seguridad esto le ayudará a dominar la situación.

 

¿Cómo puedo saber si mi hijo necesita asistir a terapia?

Tu hijo solamente deberá acudir a terapia en el momento en que veas que el miedo se muestra con excesivo sufrimiento y que toda la rutina de tu hijo cambia en base a ese miedo.

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